En este sitio se publican diferentes tipos de textos humanísticos que, desde el encuentro con las prácticas artísticas, culturales y filosóficas, propenden por la formación intelectual y el goce de las personas que acceden a él. Además, está pensado como una herramienta de apoyo de los estudiantes del área de humanidades, lengua y literatura y como espacio virtual del Semillero de Filosofía, Literatura y Arte (SEFILIA) de la I. E. Federico Sierra Arango del municipio de Bello.
sábado, 14 de septiembre de 2013
sábado, 1 de junio de 2013
Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Educación (UNAM)
Actividad 2. Entorno de aprendizaje
Con base en la institución educativa que elegiste en la Actividad 1, describe cómo son los entornos de aprendizaje que se generan ahí: ¿Identificas los cuatro entornos que menciona Chan en su artículo? ¿Cómo están definidos los espacios de interacción, información, exhibición y producción? ¿Quiénes participan en dichos espacios y cómo lo hacen? ¿Con qué herramientas se apoyan?
Creemos que realizar esta actividad de manera amplia en tu blog, te ayudará con el desarrollo del trabajo final.
Los entornos de un Ambiente de aprendizaje desde la perspectiva de los procesos comunicativos son:
ESPACIO DE INFORMACIÓN ESPACIO DE INTERACCIÓN
ESPACIO DE PRODUCCIÓN ESPACIO DE EXHIBICIÓN
El espacio informativo es en el que se encuentran los diversos tipos de insumos a procesar. En este espacio
se puede presentar la información organizada o para ser indagada por los estudiantes. Se puede proveer la
información por muy diversos medios: exposiciones, documentos, bancos de datos, imágenes, gráficas.
El espacio de interacción es aquel en el que se disponen las situaciones para que los sujetos de la
información intercambien información de todo tipo: opiniones, productos de su trabajo, dudas, proyectos,
expresiones creativas.
En el espacio de producción se encuentran herramientas y dispositivos para el procesamiento de
información, realización de ejercicios, resolución de problemas.
El espacio de exhibición se caracteriza por ser un espacio para la circulación de los productos del
aprendizaje, para la socialización de sus resultados. En este espacio los estudiantes expresan los logros de
su esfuerzo y a su vez exponer lo que encuentran en los productos de los demás.
Ahora bien, estos espacios, que pueden observarse físicamente en las escuelas tienen sus propias
características para el caso de sistemas telecomunicados, dado que el concepto de “entorno” se transforma
de acuerdo a las particulares condiciones de los medios.
Es así que considerando estos tipos de entornos podemos reconocer que el docente interviene en el
diseño educativo de los cuatro tipos de entornos, aunque no tenga que intervenir en la arquitectura del
ambiente en general (la plataforma institucional o comercial prevista para el desarrollo de cursos). Entra
a los entornos previstos y los “viste” o dota con los componentes que desarrolla o selecciona desde una
perspectiva de diseño.
Los entornos de un Ambiente de aprendizaje desde la perspectiva de los procesos comunicativos son:
ESPACIO DE INFORMACIÓN ESPACIO DE INTERACCIÓN
ESPACIO DE PRODUCCIÓN ESPACIO DE EXHIBICIÓN
El espacio informativo es en el que se encuentran los diversos tipos de insumos a procesar. En este espacio
se puede presentar la información organizada o para ser indagada por los estudiantes. Se puede proveer la
información por muy diversos medios: exposiciones, documentos, bancos de datos, imágenes, gráficas.
El espacio de interacción es aquel en el que se disponen las situaciones para que los sujetos de la
información intercambien información de todo tipo: opiniones, productos de su trabajo, dudas, proyectos,
expresiones creativas.
En el espacio de producción se encuentran herramientas y dispositivos para el procesamiento de
información, realización de ejercicios, resolución de problemas.
El espacio de exhibición se caracteriza por ser un espacio para la circulación de los productos del
aprendizaje, para la socialización de sus resultados. En este espacio los estudiantes expresan los logros de
su esfuerzo y a su vez exponer lo que encuentran en los productos de los demás.
Ahora bien, estos espacios, que pueden observarse físicamente en las escuelas tienen sus propias
características para el caso de sistemas telecomunicados, dado que el concepto de “entorno” se transforma
de acuerdo a las particulares condiciones de los medios.
Es así que considerando estos tipos de entornos podemos reconocer que el docente interviene en el
diseño educativo de los cuatro tipos de entornos, aunque no tenga que intervenir en la arquitectura del
ambiente en general (la plataforma institucional o comercial prevista para el desarrollo de cursos). Entra
a los entornos previstos y los “viste” o dota con los componentes que desarrolla o selecciona desde una
perspectiva de diseño.
sábado, 25 de mayo de 2013
Tecnologías de la Información y la Comunicación en la Educación (Universidad Nacional Autónoma de México)
Actividad 1: Transformaciones
Identifica una institución educativa que te sea familiar, ya sea porque trabajas en ella, estudias ahí o incluso es la escuela de tus hijos. Considera el contexto que rodea a dicha institución: ¿cómo enfrenta la institución los principales retos y demandas de la población que atiende? ¿Cómo los prepara para retos futuros? ¿Cuáles son los últimos cambios o innovaciones que ha adoptado la institución? ¿Por qué crees que haya realizado estos?
Es conveniente que describas brevemente las características generales de la institución educativa que elegiste, así como la respuesta a los puntos descritos anteriormente en tu blog personal. Posteriormente responde el siguiente cuestionario:
A continuación, pretendo hacer una descripción sucinta del sitio
educativo que voy a empezar a analizar, tanto para esta actividad, como para
adelantar en la elaboración del trabajo final del curso. Mi observación y
análisis, se desarrollará en un colegio de la ciudad de Medellín (Colombia),
donde las situaciones en torno al desarrollo y fomento de las TIC constituyen
importantes desafíos y oportunidades, pero donde también se
evidencian problemáticas coherentes en el plano local, pero también en el plano
nacional e internacional, todo ello a partir de las políticas educativas y de
la realidad social e histórica del contexto de la institución.
En este sentido, luego de abordar los textos sugeridos para la semana 1,
considero que la realidad en mi ciudad presenta diversos contrastes, es decir
es coherente con los informes y estudios de diversos organismos, como por
ejemplo el planteado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI)
y en el caso de un país como Colombia, se vislumbra diáfanamente la
brecha que hay entre regiones a nivel económico, social, tecnológico y
educativo. Según estudios adelantados por diferentes ONG, en Colombia y en sus
regiones, la cobertura educativa y de calidad, está subordinada a otros
referentes de tipo social, como: Nivel de pobreza, manifestaciones de
violencia, desplazamiento de la población, desarrollo de actividades ilegales
(siembra de coca, explotación de la madera y tráfico de recursos minerales), y
la ausencia del Estado, lo que ha ocasionado que haya una desigualdad
considerable a la hora de hablar de la educación, desde el concepto de
calidad y cobertura.
De acuerdo a lo anterior, en la ciudad de Medellín, en las últimas
administraciones locales, se ha hablado de la importancia de apostarle a la
educación como mecanismo de penetración en la sociedad, para generar
desarrollo, propiciar la cultura y plantear espacios significativos de
aprendizaje alternos a otros escenarios ilegales e ilegítimos, los cuales son
en muchas ocasiones más atractivos para las nuevas generaciones.
La historia de la ciudad de Medellín, ha sido un devenir constante de
problemáticas y oportunidades de desarrollo. En las últimas décadas, la ciudad
de Medellín ha tenido un importante desarrollo en su industria, comercio y
entorno cultural, de hecho la ciudad es considerada como la segunda ciudad más
importante de Colombia, y en muchas ocasiones como la de mayor desarrollo en
los últimos años. Su crecimiento y auge la han hecho ser reconocida como una de
las ciudades más emprendedora de Latinoamérica. Durante las últimas
administraciones, según los funcionarios públicos y algunas obras de
infraestructura, se han hecho importantes esfuerzos en la inversión
social, educativa y se ha apostado a que sea el fortalecimiento de la educación
una de las formas más idónea para enfrentar los flagelos que amenazan a la
humanidad en la actualidad, de los cuales ya se han mencionado algunos
directamente relacionados con la problemática de la cobertura de calidad en la
educación, particularmente en la Ciudad de Medellín y en el departamento de
Antioquia. Medellín entonces, ha querido pasar de ser la ciudad del
narcotráfico de la década del ochenta, la ciudad que vio crecer a Pablo
Escobar, considerado por el gobierno de los Estados Unidos como uno de los
personajes más peligroso y más buscado del mundo, a ser reconocida como una
ciudad emprendedora, moderna, pujante y bajo el lema de "Medellín la
más Educada", la cual ha pretendido alcanzar la cobertura
educativa y de calidad en sus más altos porcentajes.
Ahora bien, sin pretender deslegitimar los alcances y esfuerzos en
materia educativa y cultural que se han hecho durante los últimos años en dicha
ciudad, la ciudad en la actualidad, todavía posee múltiples problemáticas
que hacen pensar que nunca es suficiente el trabajo que en materia de inversión
social, política, cultural y educativa se pueda hacer en cualquier ciudad
latinoamericana. Actualmente, Medellín tiene instituciones educativas públicas
y privadas que son reconocidas por sus alcances y logros, pero en contraste,
valga la redundancia, también hay instituciones que carecen de insumos,
personal docente e infraestructura que posibiliten su normal desarrollo.
De hecho en el contexto anteriormente expuesto de dicha ciudad, hay
instituciones que pueden ser cerradas, es decir que se les puede quitar la
posibilidad de continuar con la prestación de sus servicios educativos, debido
a que por deficientes administraciones, negligencias políticas, deserción de
sus estudiantes, presencia de violencia, entre otros conflictos, es que ha
habido un desvío de los dineros e intereses destinados para cubrir los diversos
elementos que componen el acto educativo y el normal funcionamiento de dichos establecimientos.
Continuando con el desarrollo de la temática, el Colegio Bello Oriente está inmerso en el
contexto anteriormente mencionado, de hecho hay grandes posibilidades de que
pueda ser cerrado o que deje de prestar sus servicios educativos bajo el modelo
de "cobertura educativa", la cual consiste en la prestación de
servicios educativos de parte de instituciones privadas en lugares donde el
gobierno nacional, departamental y local, no tienen la posibilidad de prestar
dicho servicio.
En este orden de ideas, y tratando de centrar el análisis en los
componentes planteados para la elaboración de este ejercicio, vale la pena
aclarar que el entorno del colegio obedece a una de las zonas periféricas de la
ciudad, donde los barrios de los estratos más bajos suelen estar ubicados, de
hecho en la zona hay un alto porcentaje de viviendas en estrato 1 y algunas
zonas con invasiones o viviendas construidas de forma ilegal. En
concordancia a lo anterior, hay una alta tendencia de familias que sobreviven
diariamente con 1 ó 2 dólares, lo cual en muchos de los casos obedecen al
ingreso de actividades informales, lo cual además da cuenta de altos índices de
desempleo. Así también, en la zona hay un alto índice de familias que han
llegado al sector desde zonas distantes del departamento de Antioquia e incluso
del país por desplazamiento forzado y que a la vez también hacen parte de los
porcentajes de ciudadanos que no alcanzaron a superar los estudios secundarios
y en muchos de los casos los estudios de primaria, situación que evidentemente
afecta el adecuado acompañamiento de los jóvenes y niños que asisten al Colegio
Bello Oriente. En últimas, es mínima la cantidad de padres de familia o
acudientes de los estudiantes los que han alcanzado estudios de educación
superior.
En cuanto al trabajo del colegio, ante las diversas situaciones sociales
de los estudiantes y las familias de éstos, éste ha planteado desde su modelo
pedagógico, currículo, es decir desde los diferentes programas y propuestas, la
interacción de la escuela, la familia y la comunidad en una dirección
formativa, donde todos estén involucrados en la formación de los
estudiantes y a la vez en la formación de todos los actores que intervienen en
dicho proceso.
Las características de los estudiantes no es distante de la realidad
expuesta, de hecho muchos de ellos están en situaciones de vulnerabilidad, ya
que tanto en la zona como en la ciudad, el departamento y el país hay una
situación crítica de violencia vinculada al tráfico de drogas, alcohol y
reclutamiento de grupos armados ilegales, lo cual denota una realidad que no es
exclusiva de algunas regiones, sino que también hacen parte de la realidad de
otro países como: México, Ecuador, Bolivia, incluso España y los Estados
Unidos.
Desde el colegio hay campañas pedagógicas y formativas en la dirección de
prevenir que los estudiantes caigan en dichas situaciones, sin embargo el
contexto sociocultural es agresivo y la resistencia que pone es ardua,
pero sin duda alguna, la forma más asertiva de poder contrarrestar las
consecuencias de una realidad tan agresiva es que las instituciones del estado
competentes para la formación social y educativa trabajen de una manera
articulada y coherente. Particularmente el colegio, desde su modelo pedagógico,
ha planteado que la propuesta más idónea para el contexto que debe permear es
que se desarrollen en los educandos una postura crítica y participativa, para
que pasen de una posición pasiva a una posición activa en el desarrollo de su
aprendizaje, pero también que sean conscientes del momento histórico que les ha
tocado vivir.
Así pues, el colegio concibe el acto educativo como la posibilidad de
interacción entre sujetos que conjuntamente acceden al conocimiento y que desde
la autonomía, principios kantianos y desde las
pedagogías críticas y sociales, evocadas desde la reflexión social de Freire,
se construya un espacio conceptual que sustente las diversas prácticas y
principios teleológicos del Colegio Bello Oriente.
Por otro lado, en el barrio Bello Oriente, el único espacio de
esparcimiento cultural y deportivo lo constituye el colegio. Consciente la
administración, la dirección y el personal docente del colegio de esta realidad, trató durante los
últimos años de idear u organizar diferentes espacios pedagógicos, deportivos
y recreativos, como: la sala de sistemas, la biblioteca, el
implemento de recursos multimediales para las clases, la cancha sintética de
fútbol, entre otros espacios de esparcimiento deportivo.
Al interior de las prácticas pedagógicas, según una encuesta que se
aplicó a los estudiantes, éstos manifestaron su particular interés en unas
clases o asignaturas sobre otras, donde llamó la atención que las clases
de Tecnología e Informática y Educación Física fueron las más
destacadas, seguidas por las de Humanidades y Artes, lo cual da cuenta, que
evidentemente y en concordancia con lo planteado por los textos trabajados
durante esta semana, hay un cambio significativo en la generación contemporánea
y en la forma en que los jóvenes y niños conciben el mundo. Sin duda alguna, en
el colegio se ha procurado que desde las diversas asignaturas se vinculen las
nuevas tecnologías de la información y la comunicación a los diferentes campos
del conocimiento, pero ha sido un punto a trabajar arduamente, ya que
precisamente es desde los mismos docentes y padres de familia que se ha
evidenciado apatía frente a las nuevas tecnologías y las herramientas
multimediales. En este punto, se procuró porque hubiese un acompañamiento y
capacitación entre los mismos docentes y directivas, ya que los bajos
presupuestos no permitieron que se hicieran grandes capacitaciones, pero que de
igual manera demuestra que en muchas ocasiones el talento humano de las
organizaciones puede enfrentar grandes retos.
Me gustaría en este sentido, exponer uno de los ejercicios que se
pensaron para abordar el asunto de las nuevas tecnologías de una forma
profesional, pedagógica y responsable, ya que no se trata de que se llenen los
salones y colegios de herramientas tecnológicas sin un fundamento responsable y
pedagógico. En el Colegio Bello Oriente, en los grados de noveno, décimo y
once, se plantearon proyectos transversalizados entre las diferentes
asignaturas y áreas, los cuales pretendían que se establecieran relaciones
discursivas y prácticas entre las diversas ramas del conocimiento, donde los
estudiantes entendieran que éste no es fragmentado y donde a partir de la
asesoría de los licenciados profesionales en las nuevas tecnologías e informática,
se elaboraran espacios pedagógicos y tecnológicos al interior de las clases.
Sin duda alguna, en el Colegio Bello Oriente en los últimos años se han
pensado y elaborado entornos que tienen en cuenta las características de los
jóvenes y niños de la comunidad. Especialmente, porque éstos son y serán
afectados por los cambios que se planteen en el plano local, pero también desde
la denominada aldea global. No obstante, se deben hacer más esfuerzos para
mejorar cada vez más en las necesidades expuestas, especialmente por el entorno
social, político, tecnológico y cultural que atisba la vida de las familias de la comunidad, de la
ciudad y del mundo entero.
John Jairo Echavarría Cañas
Docente
sábado, 2 de marzo de 2013
Literatura Prehispánica
Hola, bienvenidos a este sitio donde podremos interactuar y disfrutar diferentes asuntos literarios y lingüísticos.
REFLEXIÓN LITERARIA

El Popul Vuh es considerado por muchos el texto escrito más antiguo de la humanidad, en éste se trata de explicar o contar de alguna manera el origen del mundo, la civilización y los diversos fenómenos que ocurren en la naturaleza, a partir del mito como manifestación literaria y filosófica de la relación del hombre con el universo y en este sentido como principio emancipador de la realidad y la ficción, buscando revelar la verdad del cosmos vehiculizada por medio de la palabra. Este es el libro sagrado de los Mayas Quiché, una sociedad indígena que habitaba en Centroamérica, especialmente lo que es ahora México y Guatemala.
En éste orden de ideas, el concepto de descubrimiento de América no es más que un sofisma, una gran mentira de la historia, ya que según estudios arqueológicos y antropológicos, la vida en América antes de la llegada de los ingleses, franceses, portugueses, españoles e italianos, contaba con sus propias raíces étnicas, dejando así una esencia que alcanza a percibirse en la actualidad, pero que desafortunadamente se ha ido perdiendo por motivos de diversas causas y de la propia colonización.
Los pueblos de América Latina comparten un territorio, pero también comparten la historia, la lengua, la cultura, además de las desgracias y las glorias, al punto de reconocer que las problemáticas de un país son también las problemáticas de las demás naciones, es el caso de la actual discrepancia que hay entre Colombia y sus vecinos. América Latina es un vecindario, desde las tierras frías de la Patagonia hasta las cálidas y peligrosas planicies del Río Bravo en el norte de México. Los países latinoamericanos, tal cual como los conocemos hoy, han debido pasar a lo largo de la historia por muchas vicisitudes, son pueblos híbridos, según los definía Néstor García Canclini, que han reflejado sus historias en la riqueza literaria particular y colectiva. La literatura en este sentido, es considerada como el reflejo en el espejo de la historia y es ésta al fin de cuentas la que contará a través de los siglos las vivencias y los hechos de la humanidad.
Colombia en el vecindario latinoamericano no ha sido ajena a este fenómeno y por el contrario ha sido considerado como uno de los países más influyentes de la región. La historia de Colombia ha sido permeada por diversas problemáticas, las cuales fueron plasmadas desde la literatura y esta última la que ha dado cuenta del largo y conjetural proceso de desarrollo presente desde la colonia hasta la actualidad.
Muchas de las obras de la literatura Colombiana se han centrado en los hechos sociales y éstos han estado subordinados a diversos contextos espaciales , cronológicos y situacionales, es por ello que es posible encontrar en diferentes obras, temáticas sobre violencia, racismo, cultura, economía, política, entre otras. Sin embargo, en este diálogo histórico, también es posible encontrar temas sobre el amor, los valores, la familia, lo cual es reflejado en muchas de las obras importantes, como: María de Jorge Isaács y La Marquesa de Yolombó del maestro Tomás Carrasquilla.
Sólo en Colombia se puede dar cuenta de una riqueza literaria impresionante, la cual denota que Latinoamérica es una novela con novelistas que está firme en los cimientos de la literatura universal, pero que corre peligro porque a los jóvenes de la actualidad la literatura le es enseñada obligatoria y descontextualizadamente, un desacierto donde la familia, la escuela y la sociedad son responsables
LITERATURA COLOMBIANA
JOHN JAIRO ECHAVARRÍA CAÑAS
sábado, 2 de febrero de 2013
LAS MUJERES DE ASPASIO
Las mujeres de Aspasio
Pablo Montoya Campuzano
1
La historia ocurrió por los años cuarenta. Aunque es probable que haya pasado en décadas posteriores. No me extrañó encontrarme con una versión que ubica los acontecimientos que rodean la vida de Aspasio en nuestros días. Mi madre la situaba en el tiempo en que José hacía su práctica de medicina forense. El marco del relato era sugestivo. José llega cansado del anfiteatro. Mi madre le sirve la comida. Viven entonces en una casa, por los lados de La América. Hablan de la violencia que recorre las tierras de Antioquia. Más tarde se acomodan en la cama y mi madre empieza a leer pasajes de un tratado de obstetricia. Esa era la manera en que José memorizaba lo aprendido. Su lectura siempre fue torpe y sólo podía retener con exactitud lo que escuchaba. Hay algo, no obstante, que molesta su concentración. Un olor fétido se interpone a cada frase pronunciada. De pronto, mi padre se levanta, lleva una de sus manos a la nariz y aspira. Se dirige al baño donde vomita varias veces. Al regresar a la cama, mi madre le pregunta si está enfermo. La respuesta es negativa. Es un pedazo de carne, dice José, que se me ha quedado entre la uña. Explica que ha trabajado toda la tarde en el cadáver de una mujer joven. Y eso te ha hecho vomitar, inquiere mi madre incrédula. Claro que no, contesta él. Es entonces cuando relata la historia de Aspasio.
2
Venía del campo huyendo de las masacres cometidas por los conservadores. Su infancia transcurrió en riscosas fincas de café. Una mañana, eran ya los días de la última adolescencia, su madre lo mandó al pueblo a comprar panela, arroz y carne. Aspasio no regresó. Días después reconoció los cadáveres en un patio de la inspección de policía. No reaccionó con exageraciones ante el descuartizamiento de sus hermanas. Dijo que esa cabeza sin ojos y con la lengua que le bajaba como una corbata desmesurada pertenecía a su madre. Pero no exorbitó la mirada, ni pronunció quejas, tampoco emitió amenaza alguna. Más tarde fue a Medellín y, parece, hizo varios trabajos antes de encontrar el empleo del anfiteatro. Éste quedaba entonces en la Facultad de Medicina y era una sala destinada a la práctica de los estudiantes. Las pocas personas que creyeron conocer a Aspasio lo definieron como un hombre servil. Tal vez en lo más hondo de sí mismo, y esto nunca le ocasionó tropiezo, comprendía que lo suyo era obedecer. Es posible que por tener esa mansedumbre, nadie sospechara sus inclinaciones. En el anfiteatro ejecutó labores de limpieza y vigilancia. Siempre se le vio con una ruana que se ponía apenas iniciaba la jornada. Una boina le tapaba el pelo escaso. Los pantalones siempre fueron negros y de pliegues y ninguna talla le quedaba bien. El trabajo lo dotó de un revólver y un bolillo que nunca usó. Prefería guardarlos en un cajón. Lo único que bebía en las noches, y en este detalle también coinciden las versiones que consulté, era un café cerril que lo mantenía despierto hasta el amanecer. Indagué, tanto con los conocidos de un Aspasio como del otro, y concluí que nunca consumió licor. En medio de repuestas, casi todas monosilábicas, supuse que sonreía pocas veces. José, eso dijo mi madre, comentaba que sólo debía hacerlo cuando descubría algunos de los cuerpos. Una sonrisa lánguida que se iniciaba en su mirada al ver la piel de las muertas.
3
La mujer parecía dormida y un gesto de placidez marcaba su rostro. Poseía algo, tal vez en el mentón, acaso en las mejillas, quizás en las cavidades de la nariz, que la emparentaba con un adolescente. El pelo negro, recogido en una trenza mojada, hacía pensar en caballos airosos. El cuello mostraba una serie de máculas que remitían no a golpes, sino a la descomposición que ya se estaba gestando. El resto del cuerpo, desde las clavículas que brillaban con un matiz opalino hasta los pies pequeños, estaba cubierto por un plástico. A Aspasio lo acogió la desazón al verla en una de las planchas. Creyó que estaba alucinando, motivado por el contraste entre la belleza del rostro y la sordidez del sitio. Una cuchillada de escalofrío le recorrió la espalda. El anfiteatro poseía, en esas horas de la madrugada, un silencio rotundo. Los pasos del celador resonaban con nitidez. La rutina de sus jornadas no era muy compleja. Aspasio la iniciaba dando una vuelta por los derredores. Si lo creía indispensable, arrancaba con las manos la maleza que se formaba a los lados del sendero de la entrada. Luego, en la garita de la vigilancia, leía periódicos viejos en tanto llegaba la medianoche. Dejaba que las campanas de una iglesia próxima sonaran, y salía a recorrer la sala. Aunque primero miraba las planillas donde se apuntaban el ingreso y la salida de los cadáveres. Con estos detalles, observaba el estado en que habían quedado los cuerpos después de las operaciones. Esta revisión la hacía como si fuera el preámbulo para lo que venía después. Si el caso lo pedía, Aspasio completaba el aseo que algunos estudiantes de medicina descuidaban. Eran, por lo general, medidas de limpieza que realizaba con aire concentrado. Debía borrar las huellas de sangre en los bordes de las planchas, en el piso y en las paredes. Tenía que cubrir, a su vez, los cuerpos con unos plásticos que en algo mermaban la velocidad de la putrefacción. Aspasio no escatimaba esta parte de su faena. Es más, era exagerado en los cuidados que prodigaba a los cadáveres. Así el estado de envilecimiento orgánico fuera extremo, distribuía su atención con espíritu equitativo. Una de las cosas que ejecutaba sin falta era procurarse un trapo mojado con agua y formol. Con él limpiaba aquellas partes del cuerpo no estropeadas por la herida que había ocasionado la muerte o producido el escalpelo. Cuando reconocía, por fin, la presencia de una cierta higiene, trapeaba el piso y regresaba a la garita. Allí tomaba café y se quedaba mirando por largo tiempo algún rincón del cuarto. Después volvía a la sala. No había temblor en sus manos, ni manifestación asustadiza en los ojos, y su corazón latía con una fuerza siempre controlada. Sólo un ligero aumento en la secreción de la saliva y un vacío que iba ampliándose en su bajo vientre. Durante un rato observaba los semblantes de la muerte. Y sólo cuando le correspondía el turno al cuerpo determinado, lo cargaba con movimientos precisos y lo ponía sobre la ruana que, unos segundos antes, había extendido en el suelo.
4
Cuando visité el anfiteatro de la carrera 65 para mirar sus archivos —el de la Facultad de Medicina había desaparecido tiempo atrás—, encontré una variante de la historia. Como me lo había advertido la persona que me brindó el permiso para revisarlos, los documentos eran monótonos en las descripciones necrológicas. Una mezcla de términos forenses, estadísticos y judiciales pretendía definir la muerte en gruesas carpetas empolvadas. Pero nada más lejano al misterio de la interrupción de la vida que anotaciones esquemáticas de cuchillos en estómagos, de balazos en pechos, de golpes en cabezas. Ni siquiera vi la sombra de Aspasio en los archivos. Quizá la memoria del anfiteatro se empecinaba en conservar una imagen honorable y por ello había expulsado de su historia las huellas de ese hombre que había deambulado por los ámbitos mortuorios de la ciudad. Sentí decepción porque así se negaba uno de los perfiles más oscuros y, tal vez, más atractivos de Medellín. Sin embargo, me topé en los archivos con otro rasgo de la intemperancia humana. Poco antes de hablar con una de las secretarias, que me ofreció su colaboración, leí el caso de una muchacha de catorce años que había ingresado al anfiteatro. La fecha coincidía con el año en que José siguió su práctica forense. Concluí entonces que el caso había sucedido en el viejo anfiteatro. Sin embargo, a pesar de su traumático encanto, lo que le había pasado a la adolescente nunca lo escuché en el círculo oral de mi familia. La mujer entró en la lista de las muertes violentas en el mes de octubre de 1949. Estuvo varios días sin ser reclamada. En verdad, nadie se ocupó de ella y sus huesos sin nombre terminaron en una fosa común. Yo, por supuesto, matizo una historia que en la carpeta respectiva sólo es una indicación anónima y una sucesión de descripciones de órganos y sintomatología patológica. El caso de la muchacha, empero, demuestra el extravío que a veces consuma la humanidad. Ella no tenía ningún rasgo de dolor ni gestos amedrentados en su cara. Tampoco había hematomas o contusiones en las partes visibles del cuerpo. Éste, más bien, conservaba erguidos los senos y tensa de vitalidad la piel del vientre y de las nalgas. Sólo una autopsia posterior encontró un palo de escoba que alguien le había introducido por el ano. La pregunta que me hice entonces, al imaginar que los ojos de Aspasio pudieron ver la cara de esa durmiente destrozada, fue si la convirtió en una de sus mujeres.
5
La secretaria era proclive a la conversación. Temí incluso que lo narrado por ella cayera en el terreno de la fantasía. Trabajaba en el nuevo anfiteatro desde hacía años. Daba brega creer que el tránsito por las moradas de una burocracia mortecina no hubiera estropeado del todo la locuacidad de una mujer que poseía algunos atractivos. El que más recuerdo, repito, fue esa amabilidad desbordada que contestaba a mis preguntas. Respuestas que eran relamidas por una boca pintada de labial rojo mientras sus ojos se clavaban en los míos. Parecía una secretaria simple, pero empleaba palabras que desentonaban en su trato coloquial. Como si con ello pretendiera otorgar un regusto exquisito a la conversación de una funcionaria de los mundos bajos. Salíamos del anfiteatro y tomábamos algo en una cafetería cercana a la iglesia. Por razones de su trabajo nuestra plática no se prolongaba más de media hora. El Aspasio de su relato, comparado con el que yo conocí en mi infancia, era un poco más exuberante. Se aproximaba, empero, al de la memoria oral que recorría a Medellín. La secretaria se cruzaba con él varias veces en las mañanas o al inicio de las noches. El carácter taciturno del Aspasio antiguo, aquí se volvía jovial. Éste era hablantinoso y lanzaba frecuentes chistes. Además, no se veía desmañado y su atuendo se reducía a bluejeans y a camisas de colores vivos que siempre llevaba por fuera. De hecho, la secretaria había departido con Aspasio diálogos no exentos de risas. ¿Y de qué hablaban?, pregunté. Pues de muertos de qué más, contestó ella haciendo un gesto incómodo. A la funcionaria le parecía normal, de alguna manera, que su compañero de trabajo le hiciera bromas fúnebres. ¿Y a qué se referían ellas?, volví a preguntar. No sé, contestó, a veces me decía que le gustaba mirar la desnudez de las occisas. Pero todo se presentaba en una atmósfera que permitía los deslizamientos jocosos de la perversidad. Incluso, me llegó a contar, finalizó esa vez la secretaria, que se excitaba pensando en algunos cuerpos que le deparaban sus jornadas nocturnas.
6
Cuando la acostó sobre la ruana, la mujer dejó caer con suavidad un brazo sobre el vientre. Por ninguna parte se veían indicios de violencia. El bisturí no había rasgado ningún tejido. Y por más que buscaba en el cuerpo, Aspasio no hallaba los vestigios de la herida o del golpe. La cautela de su búsqueda se interrumpía a cada instante por el deseo de contemplar la hermosura del rostro y la perfección de una anatomía que no guardaba vínculos con la corrupción. Aspasio sentía una mezcla de rabia y de ternura frente a esa paradoja. Pero era justamente la presencia de lo sublime en medio de la desolación, y de la pureza habitando lo pútrido, lo que lo estremecía. Pasó sus dedos, como si estuviera detectando una imposible vibración de la vida, cerca del pelo y luego los bajó por la frente. Con la yema del índice izquierdo rozó la nariz, los labios y el mentón. Luego hizo dibujos concéntricos en las clavículas, en el escondido esternón, en la areola de los pezones. Fue entonces cuando, debajo del seno derecho, vio el agujero. Alguien había introducido un estilete hasta llegar, sin duda, al corazón. Aspasio metió y sacó varias veces, con lentitud, el dedo en el ombligo. Después miró el pubis. Era insípido y el surco de vellos que bordeaban los labios entreabiertos tenía un aire de desorden triste. Acercó la nariz y olió la acidez que persistía. Aspasio resopló con fuerza. Había algo de llanto y de grito que intentaba salir de su boca, mientras con los dedos hurgaba en su propio sexo. Cuando alcanzó la erección buscó las sensaciones de la frialdad. Pasó su pene por entre la boca que en vano intentaba succionar. Por entre los senos que en vano trataban de moverse. Por entre los glúteos que en vano procuraban la tibieza. Pero Aspasio sabía cómo orientar su placer. Se metió la boina en la boca y la mordió cuando entró a la cavidad. Cabalgó durante minutos sobre el vacío, entre una maraña de imágenes irresolutas. Hasta que el vértigo de su soledad se extendió, blanquecino y deslumbrante, por el vientre de la mujer.
7
El fin de Aspasio se diseminaba también en diversas conjeturas. No era advenedizo otorgarle un destino de súbita desaparición. Un personaje así merecía el anonimato de una existencia ajena al interés de los otros. Sus pasos pudieron haberse perdido en la geografía neblinosa de un pueblo antioqueño. Nada raro que Aspasio hubiera pasado sus últimos años cuidando una finca cafetera. Así gustaba imaginarlo José cuando esas mujeres, amadas en la muerte, asediaban sus recuerdos de estudiante de medicina. Otros, en cambio, se referían al manicomio de Bello. Adónde más, gustaban decir con desdén, podría ir un demente de semejante calaña. Pero mis pesquisas en esa dirección fueron infructuosas. Había varios necrófilos, por supuesto, encerrados en esa espantosa cárcel bucólica. Pero nadie obedecía a las señales del hombre del anfiteatro. El de la secretaria, por otro lado, se sumergía en un villorrio de la costa Atlántica. Aunque antes, eso dijo ella en la cafetería, estuvo trabajando de portero en un condominio de Envigado. Inútiles fueron mis intentos de localizar su rastro en ese sector de la ciudad. Poco antes de cerrar la investigación sobre Aspasio, fui a buscar a la secretaria. Quería verificar con ella algunos detalles relacionados con los hábitos de su compañero de trabajo. Quería darle una copia de mi crónica que sería publicada pronto. Me dijeron que la mujer se había tomado unas vacaciones. Al salir del sitio, era el final de una tarde de octubre, alcancé a ver la figura de un hombre en la garita de la vigilancia. Alto y flaco, su palidez lindaba con la demacración. Nuestros ojos se cruzaron y sus cejas se levantaron para responderme al saludo. Me aventuré a pensar que la historia de Aspasio, como la de Edipo, como la de Hugolino, como la de Orestes, se repetía en lo esencial. Me acerqué y le pedí fuego para mi cigarrillo. Me obsequió la candela. Entre tanto tuve el tiempo para observar el entorno. Al lado de una mesa vi el termo de café y algunos periódicos amontonados. En la única silla que había, estaba la ruana. No era extraño que un celador de Medellín tuviera esas cosas. Necesita permanecer despierto y guarecerse del frío de las madrugadas.
Pablo Montoya Campuzano
Nació en Barrancabermeja en, 1963. Músico, Filósofo, Maestro y Doctor de la Universidad de Sorbonne Nouvelle (París III), actualmente coordina el doctorado en Literatura de la Universidad de Antioquia. Publica artículos sesudos en periódicos y revistas de América y Europa. Y además, para desconcierto de todos, ha publicado libros de cuentos, de ensayos, prosas poéticas y dos novelas, La sed del ojo y Lejos de Roma. Por algunos de ellos ha recibido importantes reconocimientos y premios. En 2005 recibió el Premio a la creación como cuentista otorgado por la Alcaldía de Medellín, porRéquiem por un fantasma. En 2007 fue merecedor a la Beca de Creación Modalidad Cuento, de la Alcaldía de Medellín.
John Jairo Echavarría Cañas
viernes, 19 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
Boom latinoamericano
El Boom latinoamericano fue un fenómeno editorial que surgió entre los años 1960 y 1970, cuando el trabajo de un grupo de novelistas latinoamericanos relativamente joven fue ampliamente distribuido en todo el mundo.
El Boom está más relacionado con los autores Gabriel García Márquez de Colombia, Julio Cortázar de Argentina, Carlos Fuentes de México y Mario Vargas Llosa del Perú. Por el movimiento de América Latina de la Vanguardia, estos escritores desafiaron las convenciones establecidas de la literatura latinoamericana. Su trabajo es experimental y, debido a la situación general de la América Latina de la década de 1960, también muy político.
El crítico Gerald Martin escribe: «No es una exageración para afirmar que si el continente del Sur fue conocido por dos cosas por encima de todos los demás en la década de 1960, éstas fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y su impacto tanto en América Latina y el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la literatura latinoamericana, cuyo ascenso y caída coincidió con el auge y caída de las percepciones liberales de Cuba entre 1959 y 1971».[1]
El éxito repentino de los autores del Boom fue en gran parte debido al hecho de que sus obras se encuentran entre las primeras novelas de América Latina que se publicaron en Europa, por las editoriales de Barcelona, en España.[2] De hecho, Frederick M. Nunn escribe que: "novelistas latinoamericanos se hicieron mundialmente famosos a través de sus escritos y su defensa de la acción política y social, y porque muchos de ellos tuvieron la fortuna de llegar a los mercados y las audiencias más allá de América Latina a través de la traducción y los viajes y, a veces a través del exilio".[3]
Las décadas de 1960 y 1970 fueron décadas de agitación política en toda América Latina, en un clima político y diplomático fuertemente influenciado por la dinámica de la Guerra Fría. Este clima sirvió de base para los trabajos de los escritores del Boom latinoamericano, y definió el contexto en el que sus ideas, a veces radicales, tenían que funcionar. La Revolución Cubana en 1959 y los intentos frustrados de Estados Unidos de atravesar la Bahía de Cochinos puede considerarse como el inicio de este período.[4] La vulnerabilidad de Cuba llevó a estrechar lazos con la URSS, dando lugar a la crisis de los misiles en Cuba de 1962, cuando los estadounidenses y los soviéticos se acercaban peligrosamente a la Guerra nuclear.[5] A lo largo de los años 1960 y 1970, regímenes militares autoritarios gobernaron Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú y muchos otros países. Por ejemplo, el 11 de septiembre de 1973, el Presidente democráticamente electo Salvador Allende en Chile fue derrocado y reemplazado por el general Augusto Pinochet, que habría de gobernar hasta el final de la década de 1980.[6] [7] [8] Muchos tienen la creencia que estos gobiernos cooperaron entre sí en términos de tortura o eliminación de opositores políticos para «disponer de sus órganos» en la llamada «Operación Cóndor».[9]
En el período comprendido entre 1950 y 1975 pero en las zonas de por allá se produjeron cambios importantes en la forma en que la historia y la literatura se plantean en términos de interpretación y escritura.[10] También se produjo un cambio en la auto percepción del español por novelistas estadounidenses. El desarrollo de las ciudades, la mayoría de edad de una clase media grande, la Revolución Cubana, la Alianza para el Progreso, un aumento en la comunicación entre los países de América Latina y una mayor atención a América del norte de los Estados Unidos y Europa contribuyeron a este cambio.[11] Los acontecimientos políticos más importantes de la época eran los golpes de Estado en Cuba en 1959 y en Chile en 1973, la caída del general Perón en Argentina, la lucha violenta y prolongada de la guerrilla urbana, brutalmente reprimidas en Argentina y Uruguay, y la violencia sin fin en Colombia[10] también se ven afectados los escritores, ya que genera las explicaciones, o testimonios, o proporcionan un contexto preocupante por su trabajo.
La mayor atención prestada a los novelistas españoles de América y su éxito internacional en la década de 1960, un fenómeno que se llamó el Boom, afecta a todos los Escritores y Lectores en ese período. Lo que principalmente llevó escritores juntos y se centró la atención del mundo sobre la América española fue el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que prometía una nueva era. El período de euforia se puede considerar cerrada cuando en 1971 el gobierno de Cuba endureció su línea de partido y el poeta Heberto Padilla fue obligado a rechazar en un documento público su llamado visitas decadente y desviadas. El furor sobre el caso de Padilla puso fin a la afinidad entre los intelectuales españoles de América y el mito de inspiración cubana.[12] El caso de Padilla es considerado por algunos como han señalado el comienzo del fin del auge del Boom latinoamericano.[13]
Con el éxito de la pluma, el trabajo de una generación anterior de escritores tuvo un acceso a un público nuevo y ampliado. Estos precursores son: Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo.[16]
Aunque la mayoría de los críticos coinciden en que el Boom comenzó en algún momento del 1960, hay cierto desacuerdo en cuanto a cual obra debe ser considerada la primera novela del Boom. Para algunos (como Alfred McAdam) sería Rayuela, de Julio Cortázar(1963), mientras que otros prefieren La ciudad y los perros de Vargas Llosa, que ganó el Premio Biblioteca Breve en 1962.[17] Fernando Alegría considera Hijo de hombre de Augusto Roa Bastos (que fue publicada en 1959) como la obra inaugural del Boom, aunque, como señala Shaw[17] se podría aún remontarse a 1949 con Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias.[18]
Otra variante es la articulada por Randolph D. Pope: «La historia del auge podría empezar cronológicamente con El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias (publicada en 1946, pero empezada en 1922). Otro punto de partida podría ser El túnel de Ernesto Sábato (1948) o El pozo de Juan Carlos Onetti (1939). O yendo aún más atrás, a los movimientos vanguardistas de la década de 1920. Sin embargo, los escritores del Boom se declararon huérfanos y sin ningún modelo autóctono, atrapados entre su admiración por Proust, Joyce, Mann, Sartre y otros escritores europeos y su necesidad de tener una voz propia hispanoamericana, aunque rechazando a los más respetados escritores de Hispanoamérica indigenistas, criollistas, y mundonovistas».[12] Un antecedente claro en este sentido fue Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri, considerada la primera novela vanguardista latinoamericana.
Los representantes más importantes del Boom afirmaron que eran «huérfanos» de generación literaria, sin ningún «padre» latinoamericano de influencia, sin embargo, reconocieron que debían gran parte de su innovación estilística a los vanguardistas.[19] Jean Franco señala como una característica marcada del Boom «la negativa a identificarse con narraciones rurales o anacrónicas, como la novela de la tierra».[20]
Se trasladó a Francia, donde pasó la mayor parte de su vida profesional, y en 1981 se convirtió en ciudadano francés.[31] Como García Márquez, Cortázar apoyó al gobierno cubano de Fidel Castro, al presidente chileno Salvador Allende, y a otros movimientos de izquierda como los sandinistas en Nicaragua.[31]
Entre sus influencias se encuentran Borges y Edgar Allan Poe.[32] Su obra más importante, y la que lo catapultó al reconocimiento internacional, es la novela altamente experimental Rayuela en (1963).[31] Se compone de 155 capítulos, 99 de los cuales son «fungibles», que se puede leer en varios pedidos de acuerdo a la predilección de los lectores.
Sus otros trabajos incluyen las colecciones de cuentos cortos Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966). También escribió novelas como Los premios (1960) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), y el inclasificable Historias de cronopios y de famas (1962). Cortázar murió en París, Francia en 1984.
Fuentes no sólo escribió algunas de las novelas más importantes de la época, también fue un crítico y publicista de Latinoamérica. En 1955, Fuentes y Emmanuel Carballo fueron fundadores de la Revista Mexicana de Literatura, que introdujo los latinoamericanos a las obras modernistas de Europa y las ideas de Jean-Paul Sartre y Albert Camus.[36] En 1969 publicó la obra crítica importante, La nueva novela hispanoamericana. Fuentes ocupó el cargo de profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Columbia (1978) y en Harvard (1987).[37] En una ocasión dijo que «el llamado Boom, en realidad, es el resultado de cuatro siglos, literariamente, llegado a un momento de urgencia en que la ficción se convirtió en la manera de organizar las lecciones del pasado».[38] Falleció el 15 de mayo de 2012.
Él es mejor conocido por novelas como Cien años de soledad (1967) por la cual recibió el Premio Nobel de Literatura, y El otoño del patriarca (1975), El coronel no tiene quien le escriba (1962), y post-Boom, como El amor en los tiempos del cólera (1985). Que ha logrado elogios de la crítica y éxito comercial general, sobre todo para la introducción de lo que se ha denominado realismo mágico para el mundo literario. Experimentó con los métodos tradicionales más o menos a la realidad, de modo que «el más espantoso, las cosas más insólitas se dice con la expresión impasible».[40] Un ejemplo comúnmente citado es el físico y espiritual de ascender al cielo de un personaje, mientras que cuelga la ropa a secar en Cien años de soledad. García Márquez es ahora considerado como uno de los autores más significativos del siglo XX, como lo atestigua el haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1982.
Vargas Llosa saltó a la fama con su novela La ciudad y los perros (1962), la cual sorprendió por la sofisticación de su técnica narrativa; esta novela es a la vez una mordaz crítica de la crueldad y la corrupción en un colegio militar peruano (y, por extensión, de la sociedad peruana).
Vargas Llosa también escribió La casa verde (1966), Los cachorros (1967), Conversación en La Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973); y post-Boom las novelas: La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981), Historia de Mayta (1984), El hablador (1987), Elogio de la madrastra (1988), Lituma en los Andes (1993), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), La fiesta del chivo (2000), El paraíso en la otra esquina (2003), Travesuras de la niña mala (2006) y El sueño del celta (2010). Ha sido galardonado con los más importantes premios y distinciones a escala mundial, y sus libros han sido traducidos a casi todos los idiomas.
Luego de una estancia prolongada por diversas ciudades de Europa, regresó al Perú en 1974, aunque continuó viajando por América y Europa, por razones de su profesión de escritor y docente. Postuló a la presidencia de su país en 1990 que perdió frente al ingeniero Alberto Fujimori. Esta experiencia política la recogió en su obra autobiográfica El pez en el agua (1993).
Luego pasó a Londres y a España, donde se le concedió la nacionalidad española y fue incorporado como miembro de la Real Academia Española. En el 2000 y tras la caída de Fujimori, retornó al Perú, pero ha vivido desde entonces alternativamente entre su patria y España.
El 7 de octubre de 2010 se anunció que fue galardonado con el premio Nobel de Literatura, que acabó con la conocida racha de ser el eterno candidato como antes había sucedido también con Borges (aunque éste no recibió tal distinción). Este premio le llegó al escritor a sus 74 años por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», según explicó la Academia Sueca.
El Boom está más relacionado con los autores Gabriel García Márquez de Colombia, Julio Cortázar de Argentina, Carlos Fuentes de México y Mario Vargas Llosa del Perú. Por el movimiento de América Latina de la Vanguardia, estos escritores desafiaron las convenciones establecidas de la literatura latinoamericana. Su trabajo es experimental y, debido a la situación general de la América Latina de la década de 1960, también muy político.
El crítico Gerald Martin escribe: «No es una exageración para afirmar que si el continente del Sur fue conocido por dos cosas por encima de todos los demás en la década de 1960, éstas fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y su impacto tanto en América Latina y el Tercer Mundo en general, y en segundo lugar, el auge de la literatura latinoamericana, cuyo ascenso y caída coincidió con el auge y caída de las percepciones liberales de Cuba entre 1959 y 1971».[1]
El éxito repentino de los autores del Boom fue en gran parte debido al hecho de que sus obras se encuentran entre las primeras novelas de América Latina que se publicaron en Europa, por las editoriales de Barcelona, en España.[2] De hecho, Frederick M. Nunn escribe que: "novelistas latinoamericanos se hicieron mundialmente famosos a través de sus escritos y su defensa de la acción política y social, y porque muchos de ellos tuvieron la fortuna de llegar a los mercados y las audiencias más allá de América Latina a través de la traducción y los viajes y, a veces a través del exilio".[3]
Precursores del boom latinoamericano
Son aquellos escritores que forjaron la nueva narrativa latinoamericana (realismo mágico, cuento fantástico, cuento metafísico y crítica a la realidad social):- Cuba: Alejo Carpentier
- Guatemala: Miguel Ángel Asturias
- Argentina: Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato
- México: Juan Rulfo y Juan José Arreola
- Uruguay: Juan Carlos Onetti
- Venezuela: Arturo Uslar Pietri
Representantes del boom latinoamericano
El género literario más trabajado fue la narrativa corta en novela y cuento.- Argentina: Julio Cortázar
- Brasil: Jorge Amado
- Chile: José Donoso
- Colombia: Gabriel García Márquez
- Cuba: José Lezama Lima
- México: Carlos Fuentes
- Paraguay: Augusto Roa Bastos
- Perú: Mario Vargas Llosa
Antecedentes históricos
Gabriel García Márquez Uno de los principales protagonistas del Boom de la literatura latinoamericana.
En el período comprendido entre 1950 y 1975 pero en las zonas de por allá se produjeron cambios importantes en la forma en que la historia y la literatura se plantean en términos de interpretación y escritura.[10] También se produjo un cambio en la auto percepción del español por novelistas estadounidenses. El desarrollo de las ciudades, la mayoría de edad de una clase media grande, la Revolución Cubana, la Alianza para el Progreso, un aumento en la comunicación entre los países de América Latina y una mayor atención a América del norte de los Estados Unidos y Europa contribuyeron a este cambio.[11] Los acontecimientos políticos más importantes de la época eran los golpes de Estado en Cuba en 1959 y en Chile en 1973, la caída del general Perón en Argentina, la lucha violenta y prolongada de la guerrilla urbana, brutalmente reprimidas en Argentina y Uruguay, y la violencia sin fin en Colombia[10] también se ven afectados los escritores, ya que genera las explicaciones, o testimonios, o proporcionan un contexto preocupante por su trabajo.
La mayor atención prestada a los novelistas españoles de América y su éxito internacional en la década de 1960, un fenómeno que se llamó el Boom, afecta a todos los Escritores y Lectores en ese período. Lo que principalmente llevó escritores juntos y se centró la atención del mundo sobre la América española fue el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, que prometía una nueva era. El período de euforia se puede considerar cerrada cuando en 1971 el gobierno de Cuba endureció su línea de partido y el poeta Heberto Padilla fue obligado a rechazar en un documento público su llamado visitas decadente y desviadas. El furor sobre el caso de Padilla puso fin a la afinidad entre los intelectuales españoles de América y el mito de inspiración cubana.[12] El caso de Padilla es considerado por algunos como han señalado el comienzo del fin del auge del Boom latinoamericano.[13]
Las influencias literarias
El auge de la literatura latinoamericana comenzó con los escritos de José Martí, Rubén Darío y las salidas modernista José Asunción Silva en el canon literario europeo. En Europa escritores modernistas como James Joyce también han influido en los escritores del Boom, al igual que los escritores latinoamericanos del movimiento Vanguardia.[14] Elizabeth Coonrod Martinez sostiene que los escritores de la Vanguardia fueron los precursores de la verdad a la pluma, la escritura novelas innovador y desafiante antes de Borges y otros de la idea convencional de que las principales inspiraciones de América Latina para el movimiento de mediados del siglo XX.[15]Con el éxito de la pluma, el trabajo de una generación anterior de escritores tuvo un acceso a un público nuevo y ampliado. Estos precursores son: Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo.[16]
Orígenes
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Otra variante es la articulada por Randolph D. Pope: «La historia del auge podría empezar cronológicamente con El señor Presidente de Miguel Ángel Asturias (publicada en 1946, pero empezada en 1922). Otro punto de partida podría ser El túnel de Ernesto Sábato (1948) o El pozo de Juan Carlos Onetti (1939). O yendo aún más atrás, a los movimientos vanguardistas de la década de 1920. Sin embargo, los escritores del Boom se declararon huérfanos y sin ningún modelo autóctono, atrapados entre su admiración por Proust, Joyce, Mann, Sartre y otros escritores europeos y su necesidad de tener una voz propia hispanoamericana, aunque rechazando a los más respetados escritores de Hispanoamérica indigenistas, criollistas, y mundonovistas».[12] Un antecedente claro en este sentido fue Las lanzas coloradas, de Arturo Uslar Pietri, considerada la primera novela vanguardista latinoamericana.
Los representantes más importantes del Boom afirmaron que eran «huérfanos» de generación literaria, sin ningún «padre» latinoamericano de influencia, sin embargo, reconocieron que debían gran parte de su innovación estilística a los vanguardistas.[19] Jean Franco señala como una característica marcada del Boom «la negativa a identificarse con narraciones rurales o anacrónicas, como la novela de la tierra».[20]
Señas de identidad
Las novelas del boom son esencialmente modernistas. Tratan al tiempo de una manera no lineal, suelen utilizar varias perspectivas o voces narrativas y cuentan con un gran número de neologismos (la acuñación de nuevas palabras o frases), juegos de palabras e incluso blasfemias. Como escribe el escritor Pope, en referencia al estilo de la Pluma: «Se basaba en una superposición cubista de diferentes puntos de vista, hacía el tiempo y el progreso lineal cuestionable, y que era técnicamente complejo. Lingüísticamente segura de si misma, se utiliza la lengua vernácula, sin excusas».[21] Otras características notables del Boom son el tratamiento de los ajustes, tanto rural y urbano", el internacionalismo, el énfasis tanto en la histórica y la política, así como «interrogatorio de regionales, así como, o más, identidad nacional, el conocimiento de hemisferio en todo el mundo, así como las cuestiones económicas e ideológicas; polémicas, y la oportunidad».[22] La literatura del Boom rompe las barreras entre lo fantástico y lo mundano, la transformación de esta mezcla en una nueva realidad. De los escritores del boom, Gabriel García Márquez está más estrechamente relacionada con el uso del realismo mágico, de hecho, se le atribuye traerlo «de moda» después de la publicación de Cien años de soledad en 1967.[23]Realismo Mágico
Véase también: Realismo mágico
En los extremos de la literatura, Brett Levinson afirma que el realismo mágico, «un modo estético clave dentro de la ficción reciente de América Latina... se materializa cuando la historia de América Latina se revela como incapaz de explicar su propio origen, una incapacidad que tradicionalmente representa... una demanda de un mito: los mitos como un medio para explicar los principios que escapan a la narración de la historia».[24] Los escritos de los Cronistas de Indias, representa lo exótico «nuevo mundo» y sus relatos de la conquista de nuevas tierras extrañas se aceptó como la historia.[25] Estas historias fantásticas a menudo ayudaron a conseguir una nueva estética, que se transformó en el realismo mágico y «(tal como la concibió Alejo Carpentier), el realismo maravilloso y lo real maravilloso. De acuerdo con esta estética, las cosas irreales son tratadas como realistas y las cosas mundanas como elementos irreales., mientras que a menudo se basan en experiencias reales, incorporar extraña, fantástica y legendaria, los pueblos ajustes míticos, especulativo, y los personajes que, aunque plausible, también podría ser irreal, y combinar la verdad, lo imaginario y lo inexistente, de manera tal que son difíciles de separar».[26]La ficción histórica
Un interés por la historia es otra característica de las novelas del período de auge.[27] El paradigma de ello es la Novela del dictador, donde las figuras y acontecimientos históricos fueron retratados de manera que las conexiones entre ellas y los acontecimientos contemporáneos en América Latina no podía ponerse en duda. Un ejemplo es el de Roa Bastos Yo el Supremo, que representa el siglo 19 la dictadura paraguaya de José Gaspar Rodríguez de Francia, pero fue publicado en el apogeo del régimen de Alfredo Stroessner, escribe que «los novelistas del Boom se mostraba una comprensión sofisticada de la capacidad de su género para describir las historias paralelas y alternativas. Y participaron activamente en los debates culturales y políticos de la región que cuestionaron el significado y el valor de la historia».[28]Principales representantes
Quién es y quién no debe ser incluido en el auge ha sido ampliamente debatido y no resuelto. Por otro lado, algunos escritores que ejerce gran influencia e indiscutible. Aunque los nombres de muchos otros escritores pueden añadirse a la lista, el siguiente no puede ser omitido:Julio Cortázar
Julio Cortázar nació en Bélgica en 1914. Vivió con sus padres en Suiza hasta que se mudó a Buenos Aires a la edad de cuatro.[29] Al igual que otros escritores del boom, Cortázar llegó a cuestionar la política de su país: su oposición a Juan Domingo Perón lo llevó a dejar su puesto de profesor en la Universidad de Mendoza y en última instancia, a su exilio.[30]Se trasladó a Francia, donde pasó la mayor parte de su vida profesional, y en 1981 se convirtió en ciudadano francés.[31] Como García Márquez, Cortázar apoyó al gobierno cubano de Fidel Castro, al presidente chileno Salvador Allende, y a otros movimientos de izquierda como los sandinistas en Nicaragua.[31]
Entre sus influencias se encuentran Borges y Edgar Allan Poe.[32] Su obra más importante, y la que lo catapultó al reconocimiento internacional, es la novela altamente experimental Rayuela en (1963).[31] Se compone de 155 capítulos, 99 de los cuales son «fungibles», que se puede leer en varios pedidos de acuerdo a la predilección de los lectores.
Sus otros trabajos incluyen las colecciones de cuentos cortos Bestiario (1951), Final del juego (1956), Las armas secretas (1959), Todos los fuegos el fuego (1966). También escribió novelas como Los premios (1960) y La vuelta al día en ochenta mundos (1967), y el inclasificable Historias de cronopios y de famas (1962). Cortázar murió en París, Francia en 1984.
Carlos Fuentes
Carlos Fuentes comenzó a publicar en la década de 1950.[33] Él es el hijo de un diplomático mexicano y ha vivido en ciudades como Buenos Aires, Quito, Montevideo y Río de Janeiro, así como Washington D. C..[34] Sus experiencias de lucha contra la discriminación de México en los Estados Unidos le llevó a examinar más de cerca la cultura mexicana.[35] Su novela La muerte de Artemio Cruz (1962) describe la vida de un ex revolucionario mexicano en su lecho de muerte, cambios innovadores que emplean en un punto de vista. Otros trabajos importantes incluyen La región más transparente (1959), Aura (1962), Terra Nostra (1975), y la novela post-Boom Gringo Viejo (1985).Fuentes no sólo escribió algunas de las novelas más importantes de la época, también fue un crítico y publicista de Latinoamérica. En 1955, Fuentes y Emmanuel Carballo fueron fundadores de la Revista Mexicana de Literatura, que introdujo los latinoamericanos a las obras modernistas de Europa y las ideas de Jean-Paul Sartre y Albert Camus.[36] En 1969 publicó la obra crítica importante, La nueva novela hispanoamericana. Fuentes ocupó el cargo de profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Columbia (1978) y en Harvard (1987).[37] En una ocasión dijo que «el llamado Boom, en realidad, es el resultado de cuatro siglos, literariamente, llegado a un momento de urgencia en que la ficción se convirtió en la manera de organizar las lecciones del pasado».[38] Falleció el 15 de mayo de 2012.
Gabriel García Márquez
Gabriel García Márquez es sin duda, junto a Mario Vargas Llosa, quien mayor proyección internacional ha logrado entre los escritores del boom. Gabo como también se le conoce, empezó como periodista y ha escrito muchos aclamado-ficción y relatos cortos; sus escritos publicados antes eran historias cortas que aparecían en el diario El Espectador de Bogotá en la década de 1940.[39]Él es mejor conocido por novelas como Cien años de soledad (1967) por la cual recibió el Premio Nobel de Literatura, y El otoño del patriarca (1975), El coronel no tiene quien le escriba (1962), y post-Boom, como El amor en los tiempos del cólera (1985). Que ha logrado elogios de la crítica y éxito comercial general, sobre todo para la introducción de lo que se ha denominado realismo mágico para el mundo literario. Experimentó con los métodos tradicionales más o menos a la realidad, de modo que «el más espantoso, las cosas más insólitas se dice con la expresión impasible».[40] Un ejemplo comúnmente citado es el físico y espiritual de ascender al cielo de un personaje, mientras que cuelga la ropa a secar en Cien años de soledad. García Márquez es ahora considerado como uno de los autores más significativos del siglo XX, como lo atestigua el haber sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1982.
Mario Vargas Llosa
Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de literatura del año 2010, es un escritor peruano (aunque también ostenta la nacionalidad española); es uno de los más prolíficos en lengua castellana, desenvolviéndose como novelista, ensayista, cuentista, dramaturgo, periodista y crítico literario y de política. Es, junto a Gabriel García Márquez, quien mayor proyeccion internacional ha logrado de entre los escritores del boom.[41] Estudió en la Universidad de San Marcos de Lima y, posteriormente, obtuvo un doctorado en literatura latinoamericana en España.[42] De hecho, su tesis doctoral fue sobre Gabriel García Márquez: García Márquez: historia de un deicidio.[43]Vargas Llosa saltó a la fama con su novela La ciudad y los perros (1962), la cual sorprendió por la sofisticación de su técnica narrativa; esta novela es a la vez una mordaz crítica de la crueldad y la corrupción en un colegio militar peruano (y, por extensión, de la sociedad peruana).
Vargas Llosa también escribió La casa verde (1966), Los cachorros (1967), Conversación en La Catedral (1969), Pantaleón y las visitadoras (1973); y post-Boom las novelas: La tía Julia y el escribidor (1977), La guerra del fin del mundo (1981), Historia de Mayta (1984), El hablador (1987), Elogio de la madrastra (1988), Lituma en los Andes (1993), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), La fiesta del chivo (2000), El paraíso en la otra esquina (2003), Travesuras de la niña mala (2006) y El sueño del celta (2010). Ha sido galardonado con los más importantes premios y distinciones a escala mundial, y sus libros han sido traducidos a casi todos los idiomas.
Luego de una estancia prolongada por diversas ciudades de Europa, regresó al Perú en 1974, aunque continuó viajando por América y Europa, por razones de su profesión de escritor y docente. Postuló a la presidencia de su país en 1990 que perdió frente al ingeniero Alberto Fujimori. Esta experiencia política la recogió en su obra autobiográfica El pez en el agua (1993).
Luego pasó a Londres y a España, donde se le concedió la nacionalidad española y fue incorporado como miembro de la Real Academia Española. En el 2000 y tras la caída de Fujimori, retornó al Perú, pero ha vivido desde entonces alternativamente entre su patria y España.
El 7 de octubre de 2010 se anunció que fue galardonado con el premio Nobel de Literatura, que acabó con la conocida racha de ser el eterno candidato como antes había sucedido también con Borges (aunque éste no recibió tal distinción). Este premio le llegó al escritor a sus 74 años por su «cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo», según explicó la Academia Sueca.
Otras Figuras
Otros autores han sido asociados con el Boom. Juan Rulfo, el autor de dos libros, sólo uno de ellos una novela, fue el maestro reconocido incorporado a posterior, un escritor que los saldos de preocupación social, la experimentación verbal y un estilo único. Augusto Roa Bastos de Paraguay, escribió Hijo de hombre, considerado por algunos como la primera novela del Boom. Su altamente experimental, Yo el Supremo ha sido comparado con el Ulises de Joyce, y es «una de las obras más respetadas de la historia de ficción que ha dado América del Sur».[44] Manuel Puig, argentino, es una figura central, con Vargas Llosa, del mundo editorial Seix-Barral. José Donoso, escritor chileno tanto de la expansión económica y el post-Boom, en su libro, Historia Personal del «Boom», menciona a otros escritores asociados con el movimiento como: Jorge Amado, de Brasil, Salvador Garmendia, Adriano González León de Venezuela y David Viñas de Argentina entre muchos otros.[16]Editorial de América Latina
La publicación desempeñó un papel crucial en el advenimiento de la pluma. Las principales casas editoriales con sede en La Habana, Ciudad de México, Buenos Aires, Montevideo, Asunción o Santiago fueron los responsables de publicar la mayoría de las novelas del boom, y estas ciudades se convirtieron en centros importantes de la innovación cultural.[45]- Santiago de Chile, es presidido por la crítica de Alone, mientras que la generación anterior de Benjamín Subercaseaux, Eduardo Barrios, Marta Brunet y Manuel Rojas fueron discretamente sustituido por José Donoso. Otros escritores, como Enrique Lafourcade, tienen un público nacional grande.
- Cuba es un centro cultural vivo, primero con el grupo de Orígenes, y luego con Lunes de Revolución.[45]
- En Colombia las novelas rurales de Caballero Calderón fueron desplazados por García Márquez, que fue seguido por Álvarez Gardeazábal.[45]
- México continúa con una fuerte tradición de escritores regionales y diversas escuelas de la escritura, de Agustín Yáñez a Sainz, con novelistas como Luis Spota o Sergio Fernández Cárdenas, el primero de una popular, la otra un refinado escritor, tanto más conocida en México que en el extranjero.[26]
Crítica
Una crítica común de la prosperidad es que es demasiado experimental y tiene una «tendencia hacia el elitismo».[49] En su estudio de la Post-boom, Donald L. Shaw escribió que Mario Benedetti fue muy crítico de los escritores Boom como García Márquez que, en vista de Benedetti, «representan una clase privilegiada que tenían acceso a la cultura universal y por lo tanto fueron completamente no representativos de la gente promedio en América Latina».[50] En su artículo sobre la ruptura de Donoso de la Swanson Philip Boom articula otra crítica de la «nueva novela» (es decir, Boom novela): «Aunque era esencialmente una reacción frente a un estancamiento percibe en el realismo convencional, muchos de los experimentos y las innovaciones formales de la ficción moderna se han convertido en características estándar de la escritura moderna, dando lugar a otra forma de tradicionalismo, donde un conjunto de estereotipos se ha sustituido por otro».[51] También criticó a menudo que se hace hincapié en el auge de la masculinidad, tanto en el hecho de que todos los representantes del movimiento fueron varones y el tratamiento de los personajes femeninos en las novelas. El énfasis de la ficción Boom en la historia y lo fantástico también ha sido objeto de críticas, ya que se alegó que es demasiado alejados de la realidad de la situación política de América Latina de que se criticara.[52]Impacto
El boom tuvo un impacto inmediato, ya que cambió la forma en que la cultura latinoamericana fue vista en todo el mundo.[53] Por supuesto, la traducción desempeña un papel importante en el éxito de los escritores del boom, ya que les dio una audiencia mucho mayor. Estos autores siguieron produciendo las mejores novelas durante cuatro décadas.[54] Además, el auge abrió la puerta a nuevos escritores de América Latina en términos de la escena internacional. Una prueba de impacto global del Boom es el hecho de que «arriba y los escritores internacionales que vienen» mirar a la gente como Fuentes, García Márquez o de Vargas Llosa como sus mentores.[54]El Post-Boom
Véase también: Post-Boom
Desde la década de 1980 se ha hecho común hablar de post-escritores del boom, la mayoría de los cuales nacieron durante los años 1940, 1950 y 1960. Es difícil situar claramente el Post-boom «como muchos de sus escritores se activa antes del final del boom». De hecho, algunos escritores, como José Donoso, se podría decir que pertenecen a ambos movimientos. Su novela El obsceno pájaro de la noche (1970) se considera, como señala Philip Swanson, «uno de los clásicos de la pluma».[55] Su obra posterior, sin embargo, se adapta con mayor comodidad en el Post-boom.[56] Manuel Puig y Severo Sarduy se consideran escritores cuyas obras representan la transición del auge al Post-Boom.[57] Es importante señalar que esta inquietud en la categorización se perpetúa por el hecho de que los principales escritores del Boom (Fuentes, García Márquez y Vargas Llosa) continuaron escribiendo con cacay después del final del boom. En el auge posterior es distinta de la Pluma en varios aspectos, sobre todo en la presencia de las autoras como Isabel Allende, Luisa Valenzuela, Giannina Braschi, Cristina Peri Rossi, Elena Poniatowska.[58] Mientras que Valenzuela y Poniatowska, fueron activos escritores durante el período de auge,[59] Allende se considera «un producto de la pluma».[60] Shaw también identifica a Antonio Skármeta, Rosario Ferré y Gustavo Sainz como escritores Post-boom.[61]
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